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Los
expertos recomiendan beber una media de entre dos y tres litros de agua
diarios. Esa cantidad es mayor en el caso de deportistas, personas que
padecen ciertas dolencias -como acidez de estómago- o que deseen
adelgazar. Pero, independientemente del estado de salud de una persona y
del ejercicio que practique, beber agua, es decir, mantenerse bien
hidratado, es uno de los pilares de un buen estado de salud. De lo
contrario el metabolismo se resiente de manera considerable: se
ralentiza la digestión y hasta pueden aparecen problemas circulatorios y
renales. Incluso las clínicas de adelgazamiento y estética alaban las
propiedades de este preciado líquido, eje de muchos de sus tratamientos
por la multitud de propiedades que posee.
Fuente: Uxua
García Antoñana para http//www.consumer.es |

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Aunque
nadie duda de las ventajas que el agua provoca en el organismo, pocos
conocen con exactitud cuáles son y cuántos litros se deben tomar. La
bióloga y periodista científica, Maria Roura Poch, explica que el agua no
sólo está dentro de cada una de las células de nuestro cuerpo, sino que se
encuentra también en la sangre, en el sistema digestivo, transporta
residuos hasta los riñones, mantiene húmedos los ojos y ayuda a distribuir
y regular la temperatura del cuerpo. Los
motivos por los que conviene tener un vaso de agua cerca son múltiples y
variados.
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El
agua es necesaria por las siguientes razones |
Consecuencias de no beber agua |
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Es
imprescindible para que todos los organismos funcionen. Sin agua no
hay vida. Los datos son los mejores exponentes: el 60% de nuestro
cuerpo es agua. En un bebé el 80% de su peso es agua y en las
personas mayores el porcentaje desciende hasta el 50%. El agua forma
el 85% de la sangre, el 90% del cerebro, el 13% de la piel y casi el
70% de los músculos. Al transpirar se gastan 300 mililitros de agua
al día, de 1 a 1,8 litros se expulsan por la orina y más de 400
mililitros en el proceso de respirar. Beber la cantidad suficiente
de agua cada día asegura el correcto funcionamiento de los procesos
de eliminación de residuos de nuestro cuerpo. Los expertos aseguran
que es necesario beber entre dos y tres litros de agua diarios. Si
la mitad procede de los alimentos el litro y medio restante se debe
obtener bebiendo. La doctora Roura Poch apunta, sin embargo, que
estas cantidades no se pueden tomar “al pie de la letra”. “Una
persona adulta, dependiendo de la perdida de sudor, necesita entre
20 y 40 mililitros por kilogramo de peso al día", especifica. Es
decir, si pesamos alrededor de 70 kilogramos, necesitamos beber
cerca de 1.750 mililitros de agua. Ante grandes esfuerzos corporales
o con temperaturas levadas la segregación de sudor puede llegar a
1,6 litros por hora, con lo que la necesidad de consumir agua
aumenta de manera notable. |
Si
el cuerpo no recibe la cantidad de agua necesaria, el metabolismo no
se desarrolla como debe. Puesto que el agua es protagonista de
transportar nutrientes, eliminar toxinas y regular la temperatura,
cuando nos privamos de ella el sistema se puede alterar. La
digestión se hace lenta: los alimentos necesitan disolverse en una
solución formada por jugos gástricos y agua. La orina se concentra
en exceso y pueden aparecer problemas serios en los riñones que,
para preservar la sangre, empiezan a acumular sales. Estreñimiento:
el agua ayuda a disolver las fibras residuales de los alimentos y es
necesaria para expulsar las heces del cuerpo. La circulación sufre
la carencia de un medio acuosos y sin la cantidad de agua necesaria
corre la velocidad de la circulación es menor que la aconsejable.
Aparecen síntomas de deshidratación como boca seca, ojeras,
disminución de la orina y presión baja. |
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El
agua y la actividad deportiva |
Situaciones extremas |
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Los
deportistas son los que mejor conocen los efectos del agua. Los
preparadores físicos aseguran que los deportistas deben beber mucha
agua; “además de que el organismo pierde líquidos en forma de sudor
se puede notar un bajón de eficiencia, ya que la correcta
hidratación colabora con el sistema cardiovascular, mejora el
trabajo muscular y optimiza el rendimiento”. El cuerpo humano
funciona normalmente a 37 grados, pero cuando realizamos una
actividad física la temperatura asciende y se ponen en marcha
diversos mecanismos para controlar ese aumento de calor. Con esta
práctica se evita dañar cualquier sistema vital. Uno de esos
recursos es la sudoración. El sudor es producido por las glándulas
sudoríparas y está formado por agua y sales en diversa concentración
(sobre todo sodio, potasio, magnesio y calcio). En relación con este
aspecto, un estudio realizado por el doctor Allen Arieff en la
Universidad de California en San Francisco (UCSF), ha revelado que
si se suda poco o la actividad física no es muy fuerte, se puede
beber sólo agua, pero si se suda en abundancia y la actividad se
repite con frecuencia (entrenamientos habituales), conviene recurrir
a bebidas que contengan también sales. Este estudio pone de
manifiesto que la combinación de agua en exceso y la poca sal
produce un efecto llamado hiponatremia que puede ser grave y
provocar el desvanecimiento del deportista. |
Según la bióloga María Roura en determinadas situaciones las
necesidades de ingesta de agua pueden y deben aumentar de manera
considerable: En caso de fiebre es necesario beber más agua de lo
habitual: hay que compensar de alguna forma las perdidas por
transpiración. Durante el embarazo: el trabajo de eliminación del
organismo se multiplica por dos y las mujeres durante el embarazo
tienen un alto riesgo de infecciones urinarias. Beber es vital para
facilitar el trabajo a los riñones y para prevenir las infecciones
urinarias. Tras el embarazo conviene mantener la alta cantidad de
ingesta de agua, ya que la producción de leche así lo requiere. En
verano: los grandes calores son responsables de deshidratación , por
lo que el organismo necesita más agua, sobre todo el de los niños.
Con acidez de estómago: si consume agua en grandes cantidades
durante o después de comer, se disuelven los jugos gástricos, con lo
que se reduce el grado de acidez en el estómago. Eso puede provocar
que las enzimas que requieren un determinado grado de acidez queden
inactivas y la digestión se ralentice. |
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El
agua y la estética |
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Cada vez más clínicas de adelgazamiento, balnearios y centros de
relajación utilizan el agua, distribuida en todas las habitaciones,
saunas y gimnasios, como un instrumento básico para equilibrar la
dieta y embellecer el cuerpo. Roura asegura que el agua contribuye a
mejorar el estado de la piel y de las uñas, además de ayudar a que
el cabello tenga más brillo. “Son partes del cuerpo expuestas a las
agresiones externas y la buena hidratación de sus células es la
única forma de protección ante el sol, la contaminación, los baños
prolongados y el uso exagerado de jabones y esponjas", apunta. Este
bien natural constituye uno de los elementos fundamentales en el
proceso de perder peso, entre otras cosas porque suprime el apetito
de manera natural y ayuda al cuerpo a metabolizar las grasas
acumuladas. Si no hay la suficiente agua, los riñones no pueden
trabajar de manera correcta y parte de su carga es traspasada al
hígado. Una de las principales labores del hígado es metabolizar la
grasa acumulada y convertirla en energía útil para el organismo. El
problema reside en que si el hígado se carga en exceso no podrá
trabajar en sus plenas facultades y metabolizar menos cantidad de
grasa, con la consiguiente acumulación de esta. En numerosas
ocasiones se escucha que beber agua durante las comidas y durante el
periodo engorda. Roura aclara que el agua no tiene calorías, no
engorda. Cuando el peso aumenta se puede deber a la retención de
líquidos. “Precisamente tomar una adecuada cantidad de agua durante
el día es el mejor tratamiento contra esta retención de líquidos.
Cuando el cuerpo necesita menos agua de la que necesita, percibe un
riesgo para su supervivencia y empieza a acumularla a modo de
reserva. Estos "almacenes" se instalan fuera de las células, por lo
que se manifiesta en forma de pies, manos y piernas hinchadas”,
explica. Los diuréticos pueden ser una solución temporal al actuar
forzando la salida del agua acumulada junto con algunos nutrientes.
Sin embargo, el propio organismo vuelve a percibir señales de
peligro y busca la primera oportunidad para reponer el agua que se
ha desalojado. “Para solucionar el problema sólo hay una solución:
dar al cuerpo el agua suficiente como para que deje salir el agua
que ha acumulado”, explica. Está especialmente recomendado beber uno
o dos vasos de agua recién levantados de la cama, así se consigue
una mejor hidratación y se activan los mecanismos de limpieza del
organismo. En ayunas, el agua realiza una gran labor de drenaje de
las vías digestivas y urinarias. |
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Agua limpia y segura |
Agua de baja calidad en origen |
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El
agua es uno de los elementos fundamentales para que haya vida.
Nosotros mismos estamos formados en gran parte por este líquido.
Lejos quedan los tiempos en los que se podía beber sin problemas
directamente de los ríos y embalses. Desde que vivimos en un mundo
industrializado hay que utilizar diversos métodos químicos para que
el agua sea potable y pueda parecerse lo más posible a su
definición: incolora, inodora e insípida. El agua en nuestro país
tiene mayor calidad natural allí donde más abunda, que es en el
norte, mientras que en el sur la calidad es inferior, según José
Manuel Naredo, experto en economía de los recursos naturales y
Premio Nacional de Medio Ambiente en el año 2000. En España, el
Estado regula mediante normativas la calidad del agua de consumo
humano, y las comunidades autónomas -al estar la Sanidad
transferida- se encargan de que las distintas “empresas de
potabilización” -públicas en su mayoría y formadas por municipios o
mancomunidades de municipios, aunque cada vez hay más privadas y
mixtas- cumplan estas normas. En fechas recientes se ha aprobado un
Real Decreto -140/2003 de 7 de febrero- en España que regula los
criterios sanitarios de la calidad del agua de consumo humano.
Aparecen conceptos nuevos que hay que controlar como, por ejemplo,
la cantidad de Trihalometanos (THM), que son las sustancias que se
forman cuando entran en contacto el cloro y la materia orgánica del
agua de los ríos y embalses; o la radioactividad. Antes de la
aprobación del Real Decreto, pero teniendo en cuenta los máximos de
cada sustancia que se especificaban en éste, la Organización de
Consumidores y Usuarios (OCU) realizó un estudio en el que se
comprobó que el agua del grifo no entrañaba riesgos para la salud a
corto plazo, pero se constató que una tercera parte de las muestras
analizadas contenía sustancias contaminantes. “No hay que ser
alarmistas, la potabilización funciona razonablemente bien”, explica
Antonio Estevan, consultor ambiental y miembro de la Fundación Nueva
Cultura del Agua. “En la mayor parte del país -continua- el agua se
puede beber perfectamente, en otros casos es potable, pero tiene mal
sabor por el exceso de cloro, y eso ya es una elección personal del
consumidor”. José María Gascó, catedrático de la Escuela de
Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid, señala
que la seguridad en el agua es de carácter biológico: “Se somete a
14 ó 15 tratamientos para asegurar la calidad del agua. A corto
plazo, el agua que se consume en las ciudades es segura, en el
sentido de que nadie que beba un vaso va a sufrir una diarrea”. |
El
agua de los grifos proviene fundamentalmente de fuentes
superficiales, con un porcentaje del 73%, según datos del Instituto
Nacional de Estadística (INE), mientras que tienen menor presencia
las aguas subterráneas (23%) y las obtenidas por otros
procedimientos (4%), como la desalación. Uno de los problemas que
existe en España es que, por lo general, el agua que se potabiliza
es de baja calidad en origen. “Está bastante deteriorada por el
abuso de los ecosistemas acuáticos, sobre todo en la vertiente
mediterránea. Por ejemplo, hay una calidad baja en Zaragoza, en
Barcelona y en general en toda Cataluña, en la Comunidad Valenciana,
etc. En la vertiente atlántica el agua es de mejor calidad. Madrid y
su entorno, en cambio, tienen un agua excepcional, de muchísima
calidad”, detalla Estevan. Sin embargo, los expertos creen que hay
mucho margen de mejora en cuanto a la calidad de las aguas
prepotables. “El primer paso es que se mejore la calidad; cada vez
hay más cantidad de aguas subterráneas y de peor calidad porque
tienen más sales”, señala Gascó. Según datos del INE, en el año 2000
a cada español se le abastecía de 168 litros de agua al día y había
unas perdidas diarias por fugas en la red de distribución de 68
litros por habitante y día. Es decir, un porcentaje del 21% de agua
perdida por el mal estado de la red de distribución. Este es uno de
los grandes puntos, según los expertos, en los que se puede trabajar
para mejorar la calidad del agua de consumo. “Reparar las redes y
evitar las fugas es una medida fundamental. En Suiza hay menos del
5% de fugas de agua; en España las mejores ciudades llegan a un 10
%, pero las hay que llegan hasta el 40% de fugas. Tan sólo con
rebajar las fugas ya se mejora la calidad del agua porque utilizamos
menos recursos de dudosa calidad”, argumenta Estevan. |
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Riesgos potenciales
Diversos riesgos se ciernen sobre el agua de consumo humano. Estos
son algunos |
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Las
redes de distribución de agua |
Contaminación bioacumulable |
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Las
redes que llevan el agua en las ciudades son grandes y complejas: en
una ciudad como Zaragoza, por ejemplo, tienen 700 kilómetros de
tuberías. Como explica Antonio Estevan, estas redes son ecosistemas
acuáticos donde pueden vivir ciertas bacterias: “Para eliminar esas
bacterias se añaden aditivos desinfectantes: cloro, ozono, pero
mutan y generan resistencias, por lo que cada vez hay que echar más
cloro”. Es en este punto donde se produce el problema. “Los agentes
oxidantes utilizados para potabilizar el agua atacan químicamente a
las paredes de las propias conducciones, que son de diversos
materiales porque se han ido construyendo a lo largo de los años.
Por esta razón se producen reacciones que no se conocen muy bien y
que pueden tener sus riesgos”, explica el experto. “Existe una pugna
entre el riesgo químico producido por un aumento del uso de los
desinfectantes para evitar que cualquier elemento contaminante
ataque las paredes de las redes de distribución, y el riesgo
biológico de bajar la cantidad de cloro y demás sustancias para
evitar la contaminación”, concluye. |
Se
sabe que las sustancias añadidas que lleva el agua para su
desinfección no son tóxicas a corto plazo, pero se desconoce su
acción a largo plazo. Concha Germán Bes, profesora de la Escuela
Universitaria de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza
lo explica: “En las aguas superficiales y en muchas de las
subterráneas hay una gran cantidad de contaminantes de tipo
microbiológico, por un lado, y procedentes de la agricultura,
ganadería e industria, por otro. Estos últimos son muy numerosos,
son nuevos y no sabemos cómo quitarlos. Entre los contaminantes
microbiológicos hay algunas sustancias que las potabilizadoras no
pueden controlar como los criptosporidios, caracterizados porque
entre las personas con bajas defensas -niños, ancianos y enfermos
crónicos- pueden originar enfermedades con mínimas unidades de
patógenos”. Estos microbios, añade la especialista, se pueden
localizar, aunque al haber muy poca cantidad de ellos en el agua es
tan complejo, tan caro, y tan poco rentable que no se hace esta
labor en las potabilizadoras. Gascó comparte esta opinión: “a medio
y largo plazo el agua del grifo puede provocar problemas como acidez
de estómago, piedras en el riñón o cálculos de fosfato tricálcico,
debido a que las aguas llevan nitratos, exceso de calcio o las
oxidaciones de la materia orgánica, por ejemplo”. “El agua que se
distribuye -continua- tiene sustancias que son antibióticos, dicho
este término en el sentido de que matan la vida, matan los patógenos
y microbios. Y esas sustancias no están de por sí en el agua pura”.
Debido a que la prepotabilidad de las aguas empeora, “ es necesario
que el agua reciba tratamientos que garanticen su buen estado”, por
este motivo se añaden trazos y sustancias adicionales que son un
poco perjudiciales, pero efectivas para lograr este fin. |
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Agua como alimento |
Soluciones para garantizar la calidad del agua
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El
agua se puede considerar el alimento que más veces toma una persona
a lo largo de su vida. Y como tal es importante cuidar su calidad.
“Un alimento que te llega por una tubería es poco recomendable”,
opina Germán Bes. “Se nos quiere vender un agua de grifo de máxima
calidad, pero realmente no es eso, sino un agua potable
sanitariamente permisible. Sirve para todo, pero no es un alimento.
Recomiendo que una parte de la bolsa de la compra sea agua mineral”,
añade. Gascó piensa que un buen consejo sería “combinar la
utilización del agua del grifo con aguas de baja mineralización,
alternando su consumo para lograr depurar el organismo
convenientemente”. |
Los
expertos coinciden en la conveniencia de crear distintas redes de
distribución en función de su uso. “Es importante llevar a cabo un
ajuste uso-calidad de las aguas. Por ejemplo, en la ciudad
estadounidense de San Diego, se pueden contar hasta cinco tipos
diferentes de aguas con diversa calidad según los destinatarios”,
expone Estevan. De momento, la situación es España es opuesta. “Es
una barbaridad utilizar la misma agua para beber, para regar, para
tirar de la cadena en el baño, para ducharse, etc.”, denuncia Germán
Bes. Tímidamente se están empezando a aplicar soluciones en este
sentido, así en Mallorca se exige que toda nueva urbanización tenga
doble red de abastecimiento, de esta manera se limita la utilización
del agua en cada caso. “La gran ventaja de hacer ajustes uso-calidad
es que para usos poco exigentes se puede destinar agua de poca
calidad y las aguas de mejor calidad pueden orientarse para el
consumo humano”, argumenta Estevan. Otra solución pasa por mejorar
las aguas desde su origen para, de esta forma, tener que clorarlas
menos y evitar riesgos para la salud. “Es muy importante que el agua
de partida sea de la mejor calidad posible”, explica Antonio Estevan.
Así lo afirma también la Directiva marco del agua, aprobada por la
Unión Europea en 2000, que dice que si las fuentes son sanas, los
suministros de aguas también serán saludables. Concha Germán Bes
aporta el dato de otra solución que lleva a cabo otro país de la UE:
“Holanda en lugar de utilizar ríos o agua subterránea potabiliza el
agua de lluvia, más fácil de potabilizar porque es un agua limpia en
la que pueden aparecer contaminaciones semejantes a la lluvia ácida,
aunque en menor proporción que en las otras fuentes”. |
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La
OMS publica nuevas directrices sobre la calidad del agua potable
23 de septiembre de 2004 |
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La
Organización Mundial de la Salud (OMS) ha presentado nuevas
recomendaciones dirigidas a garantizar la salubridad del agua
potable. Según la organización sanitaria internacional, la
contaminación de agua se detecta muchas veces después de la
aparición de una crisis de salud pública, cuando ya ha afectado a
las personas.
La
OMS ha actualizado las directrices para la calidad de agua potable,
cuyo objetivo es que ayude a los reguladores y proveedores a
garantizar y mejorar la calidad del agua. Las nuevas condiciones
permitirán adoptar nuevas medidas de salud pública para enfocar la
prevención de la contaminación microbiana y química de las
provisiones de agua, asegura, Kerstin Leitner, director general para
el Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente de la OMS. Esto será
aplicable tanto a la red fluvial urbana de EEUU, por ejemplo, como
en pozos de países en vías de desarrollo.
Según la OMS, los brotes provocados por microbios en el agua potable
pueden afectar a cientos de miles de personas. Recientemente, tanto
las comunidades grandes como pequeñas de países desarrollados han
sido afectadas por agua potable contaminada. En Canadá, por ejemplo,
se han registrado brotes provocados por
E. coli O157 y
Campylobacter. En EEUU, Japón y Francia se han detectado
hace poco brotes provocados por
Cryptosporidium.
Las
nuevas directrices representan así un cambio de paradigma sobre cómo
manejar la provisión de agua potable, tanto en los países en vías de
desarrollo como en países desarrollados. La nueva edición ha
repasado y revisado los valores recomendados para los límites
químicos en el agua potable. Así, reconfirma valores de pauta para
más de 100 sustancias químicas. Las directrices disponen de accesos
prácticos para excluir algunas sustancias químicas, informa la OMS. |
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Información obtenida de Fundación Grupo Eroski.
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http://www.consumer.es
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