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El ajo (Allium
sativum) es una planta herbácea de la familia de las liliáceas que se
cultiva en zonas de clima templado y seco para obtener bulbos
aromatizantes y medicinales. Esta es la definición básica que podemos
encontrar en cualquier enciclopedia, pero el ajo es, cultural e
históricamente, mucho más, ya sea en la gastronomía, en la medicina o
incluso en las prácticas mágicas. |
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Flor
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Tallos
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Se ha situado el
origen de esta planta en el Asia Central, en la desértica región
siberiana de Kirgiz. En esa zona los veranos son secos y cálidos, con
escasas precipitaciones, y la planta del ajo tuvo que adaptarse a ese
áspero clima. El ajo tuvo que crecer cuando había humedad, en la
primavera y el otoño, y también tuvo que poder sobrevivir sin el agua en
los meses excepcionalmente secos del verano y el invierno. Así, la
planta se adaptó a su ambiente de modo que el ciclo de su crecimiento
comenzara en el otoño, para aprovechar las precipitaciones de esa época,
y cuando llegaron los fríos inviernos o los veranos secos y calurosos se
mantuvo inactivo. Los dientes del ajo almacenan grandes cantidades de
alimento, que le permitían soportar largas etapas de inactividad y
esperar a que llegaran las lluvias de la primavera para que la planta
continuara su proceso de crecimiento. Su sistema de enraizamiento y sus
hojas relativamente pequeñas fueron la clave de la supervivencia de esta
planta. Estos rasgos hacen del ajo una planta resistente, capaz de
crecer en suelo pobre en climas ásperos con poco o nada de cuidado. Una
vez descubierto por los seres humanos, no es extraño que el ajo se
convirtiera rápidamente en un cultivo básico en casi todas las
civilizaciones.

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Aunque no se sabe
con certeza cuando fue descubierto el ajo por el hombre, la utilización
del ajo es casi legendaria: ya en el siglo 8 AC el ajo crecía en el
jardín del rey de Babilonia. Los antiguos egipcios adoraron al ajo como
a un dios, y su nombre era invocado a menudo en los juramentos
oficiales. Era tan valioso que 15 libras de ajo compraban un esclavo
sano. Durante la construcción de las pirámides los trabajadores seguían
una dieta que consistía sobre todo en cebolla y ajo, del que se decía
que proporcionaba vigor para resistir la dura faena. Tan importante era
este alimento en la dieta de los trabajadores que se llegaron a realizar
paradas en el trabajo cuando los obreros no recibían su acostumbrada
ración de ajo, lo que algunos han llegado a denominar como la primera
huelga de la historia. De su uso en
practicas mágicas o rituales hay también referencias, como el hallazgo
de indicios sobre la inclusión de ajos entre los objetos que acompañaron
al faraón Tutankamon a su tumba. Probablemente, siguiendo una creencia
común a otras culturas, fueron allí depositados con la finalidad de que
alejaran a los malos espíritus.
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Los vikingos y los
fenicios no olvidaban incluir el ajo entre las provisiones antes de
emprender cualquier viaje. Los Cruzados que regresaban a Europa después
de las lejanas batallas se acreditaban, generalmente, trayendo ajos con
ellos. Hacia el año 1000 DC el ajo era producido en prácticamente todo
el mundo conocido y era reconocido universalmente como una planta
valiosa. Muchas culturas apreciaban ya al ajo más allá de su valor
dietético y sugerían abiertamente que tenía propiedades medicinales e
incluso mágicas.
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Los filósofos y los
eruditos alabaron igualmente las muchas virtudes del ajo. Aristófanes
sugirió que los atletas y los soldados que fueran a entrar en batalla
comieran ajo para incrementar su valor y su coraje, Plinio escribió
sobre la capacidad del ajo de curar la tisis, Virgilio comentó que el
ajo realzaba y mantenía la fuerza de los trabajadores agrícolas, Celsio
recomendó el ajo como curación para la fiebre, Hipócrates pensó que era
una buena medicina para muchos problemas de salud y Mahoma, el profeta,
proclamó que si el ajo era aplicado directamente a una picadura o una
mordedura facilitaría la curación de estas heridas.
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Por diversas
razones, y a pesar de su uso masivo como antiséptico en las dos guerras
mundiales, el renombre del ajo comenzó a disminuir desde principios del
siglo XX, y mediado el mismo el ajo sólo se encontraba en restaurantes y
tiendas de gastronomía. Recientemente, ha rebrotado y crecido su
reputación y, aunque sin llegar a las cotas de apreciación que había
alcanzado en otros momentos de la historia, vuelve a ser un cultivo
valorado a cuyo fruto se conceden múltiples aplicaciones.
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El ajo se está
investigando profundamente tanto por sus propiedades medicinales como
por sus posibilidades industriales.
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Doctores rusos
están estudiando el ajo y su efecto sobre el cáncer. Científicos
japoneses prueban sus efectos sobre pacientes con lumbago y artritis. En
la India, los doctores resaltan los estudios que demuestran que el ajo
tiene un efecto preventivo en el desarrollo de la arteriosclerosis, de
la tensión arterial alta y de la hipertensión.
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El ajo tiene
asimismo aplicaciones industriales importantes que pasan a menudo
inadvertidas. Los dientes del ajo, cuando están destilados en agua,
aíslan un aceite que contiene los compuestos esenciales en la creación
de olefinas. Estas moléculas complejas se utilizan en la fabricación de
lubricantes, selladores y aglutinantes. La poliolefina, una forma
levemente más compleja de la sustancia, se utiliza en la vulcanización
del caucho, un proceso crítico para hacer del caucho un artículo
duradero y un producto industrialmente viable.
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Propiedades del ajo |
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- Es un eficaz
depurador y fluidificante de la sangre, por su contenido en ajona.
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- Reduce el nivel
de grasa y colesterol, gracias a su aporte en alicina
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- Ayuda en la
hipertensión protegiendo al mismo tiempo el Corazón y a las Arterias
dándoles mayor flexibilidad y manteniéndolas libres de depósitos de
colesterol.
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- Posee efectos
antibacterianos.
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- Purifica las
mucosas, pulmones, nariz y garganta.
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- En uso tópico, su
jugo es germicida.
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- Previene el
cáncer de estómago.
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- Colabora en la
mejoría de todas las infecciones.
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- Información
nutricional de el ajo
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- Su contenido en
alicina lo convierte en un alimento con grandes propiedades
terapéuticas.
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- Su aporte en
ajona, sustancia volátil que se obtiene al ser machacado, lo hacen un
aliado contra los coágulos de sangre, recomendándose en enfermedades
cardiacas.
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- Por su alto
contenido en potasio, colabora en la eliminación de toxinas.
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- Ofrece magnesio,
el cual ayuda en la reducción de azúcares y en menor cantidad calcio,
hierro, selenio, sodio y zinc.
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Las virtudes medicinales del ajo sólo tienen efecto si se
consume crudo. Lo dice el refrán "ajo cocido, ajo perdido".
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Ideas para comerlo crudo : Cortado muy fino y mezclado en
ensaladas, con judía verde y patatas al vapor, sobre anchoas o sardinas
y un chorrito de aceite de oliva, triturado en el gazpacho .... sobre
pimientos asados, champiñones y setas, .... frotado sobre pan tostado,
con escalivada, como componente de salsas alioli, pesto .... y sobre
todo con lo que a usted más le guste y le apetezca
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Preparados
caseros |
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Jarabe para la tos y
las bronquitis |
Agua de ajo para el
catarro común |
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Vierta en un cazo medio litro de agua y llévela al punto de
ebullición. Cuando haya hervido, apague el fuego y a continuación pique
finamente 50 gramos de ajo pelado y échelo en el agua. Tape luego el
cazo y deje reposar la mezcla doce horas. Finalmente, añada miel y bata
la mezcla hasta que consiga la consistencia de un jarabe. Por último,
guarde el contenido en un frasco grande y tome una cucharadita tres
veces al día. Observaciones: si tiene usted sobrepeso o es diabético no
use esta fórmula. |
Hierva un cuarto de litro de agua y luego apague el fuego.
Machaque luego 100 gramos de ajo una vez pelados y échelos en el cazo
del agua. Tápelo y deje macerar la mezcla 12 horas. Finalmente, cuele la
mezcla con un filtro de papel y embotéllela. El agua de ajos debe
beberse en pequeños sorbos a lo largo del día. La medida indicada es de
unos 80 cc. diarios, por lo que el preparado debe llegarle para tres
días. El tercer día vaya preparando otro cuarto de litro para consumirlo
el cuarto. Es mejor hacerlo así a fin de evitar que el ajo pierda sus
propiedades medicinales, lo que podría ocurrir si lleva tiempo preparado
con antelación. |
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Cómo
combatir su olor |
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El problema del ajo natural es que su consumo puede
provocar un fuerte y desagradable olor a través del aliento. Claro que
eso dependerá del estado de nuestro estómago porque lo cierto es que si
no tiene problemas el olor será mucho menor. De hecho, si el olor es muy
fuerte seguramente se deba a que hay dispepsia o dilatación de estómago.
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Puede combatirse masticando -por su alto contenido en
clorofila- hojas frescas de perejil, de menta fresca o de apio. Al
finalizar, enjuáquese la boca con agua y unas gotas de limón. Y, si lo
desea, prepare una infusión de tomillo, eucalipto, romero o manzanilla
(entre otras); perfuman el aliento.
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Esa es precisamente la razón de que se comercialice en
tabletas y cápsulas. En todo caso, si bien resulta más cómodo este
sistema es más efectivo y barato tomar el ajo natural.
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