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Nombre científico |
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El garbanzo es la semilla de la planta del garbanzo (Cicer
arietinum), herbácea de la familia de las Leguminosas. El fruto es
una legumbre de forma ovoide, en cuyo interior se encuentran una o dos
semillas, los garbanzos. |
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Origen e historia |
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En la extensa familia de las leguminosas, que abarca más de
trece mil especies, sobresale por su antigüedad el garbanzo. Su empleo
se remonta a tiempos prehistóricos, y en arqueología han encontrado
rastros de él en excavaciones preneolíticas en Sicilia y neolíticas en
Suiza. No faltó en los jardines de Babilonia y era común en el antiguo
Egipto. Fue plato de sustento en tiempos romanos, como lo atestiguan
hallazgos hechos en las ruinas de Pompeya. Antes de que Roma se
convirtiera en imperio, los republicanos tenían la honra de llevar
nombres de familia tomados de los productos de la huerta, y así había
apellidos como "lechuga", "col" y también "garbanzos". Por cierto, este
último alcanzó la inmortalidad gracias a uno de sus miembros: Marco
Tulio Cicerón. Una de sus biografías comienza así: "Cicero Ciceronis
equestri genere habebat verrucam in naso", con la cual se aludía a un
rasgo que al parecer era hereditario en la familia del tribuno y por el
cual recibían el nombre, pues cicer en latín es a la vez garbanzo y
verruga. |
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Diversidad y tipos |
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Existen tres variedades principales de garbanzos que
difieren por su localización geográfica. En la zona mediterránea y
eurasiática son más pequeños y de color variable. Entre ellos, los más
cultivados son deshi, de pequeño tamaño y color amarillo o negro,
kabul o kabuli, de tamaño medio a grande y color claro, y gulabi,
de tamaño pequeño, liso y color también claro.
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Actualmente, a nivel mundial, el 90% por ciento de la
producción mundial se da en India y Pakistán, pero los garbanzos también
son un cultivo importante otros países orientales como Líbano, Turquía,
Siria, Irán, Bangladesh y Nepal; así como en Colombia, Argentina y
Chile.
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En España se distinguen cinco variedades importantes. El
garbanzo castellano es de tamaño medio o grande, forma esférica y
color amarillento característico. Es el más consumido en el país. Otra
variedad, el garbanzo blanco lechoso, presenta una forma gruesa y
alargada, con surcos muy marcados y color blanco amarillento; se cultiva
principalmente en Andalucía y Extremadura. Por su excelente calidad, es
el más apreciado por los consumidores.
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El garbanzo venoso andaluz es también de tamaño muy
grueso y forma alargada. Posee un sabor más acentuado y fuerte, y se
cultiva básicamente en Granada. También de esta provincia destaca el
garbanzo chamad, una especie obtenida por hibridación del garbanzo
castellano. Por último, el garbanzo pedrosillano presenta pequeño
tamaño y forma casi redonda. Se cultiva en Andalucía, Castilla-León y
Castilla-La Mancha.
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Valor nutritivo |
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El principal componente de los garbanzos son los hidratos
de carbono, siendo el almidón el más abundante. El aporte proteico es
importante, aunque no destaca en este nutriente respecto al resto de las
legumbres secas. Además, se trata de proteínas incompletas por déficit
del aminoácido esencial metionina. Su contenido en lípidos es mayor que
en el resto de legumbres, destacando la presencia de ácido oleico y
linoleico, ambos insaturados. Por otro lado, aporta una cantidad
importante de fibra. Con todo ello, el valor calórico del garbanzo es
mayor al resto de la media de las legumbres secas.
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En cuanto a vitaminas y minerales, destaca el elevado
contenido de folatos, tiamina o vitamina B1, calcio, fósforo, hierro,
potasio y magnesio.
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Tabla de composición nutritiva (por 100 g de porción
comestible)
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Energía (Kcal) |
Proteínas (g) |
Grasas (g) |
Hidratos de carbono (g) |
Fibra (g) |
Fósforo (mg) |
Magnesio (mg) |
Potasio (mg) |
Sodio (mg) |
Vit.E (mg) |
Folatos (mcg) * |
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330,0 |
19,4 |
5,0 |
55,0 |
15,0 |
375,0 |
160,0 |
800,0 |
30,0 |
3,10 |
180,0 |
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mcg =
microgramos |
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Debido a su riqueza en hidratos de carbono complejos, el
consumo de garbanzos supone un aporte lento de glucosa (substrato
energético), por lo que resulta un alimento adecuado en caso de fuertes
esfuerzos físicos y también como componente de la dieta de personas
diabéticas. Pero para ello se precisa de una buena masticación y
ensalivación, ya que de lo contrario resultará indigesto.
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Por su escaso contenido en sodio se pueden incluir en
dietas de control de la hipertensión y presentan un marcado efecto
diurético. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los que se
comercializan en conserva incorporan mucha sal.
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El elevado contenido en fibra facilita el tránsito
intestinal, por lo que resulta idóneo en caso de estreñimiento. Además,
la fibra contribuye a reducir los niveles de colesterol sanguíneo. Sin
embargo, este elevado aporte de fibra no resulta adecuado para personas
con tendencia a acumular gases en el estómago y en el intestino, o para
aquellas que tengan el intestino delicado (colitis?). En estas
situaciones, se puede optar por consumir los garbanzos eliminándoles la
piel mediante un pasapuré, una vez cocinados.
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A pesar de que las proteínas que aportan los garbanzos son
incompletas desde el punto de vista nutritivo, hay que tener en cuenta
que cualquier cereal, como el trigo (un trozo de pan) o el arroz, que se
consuma conjuntamente con los garbanzos, compensan la carencia relativa
del aminoácido metionina. La combinación de legumbre y cereal, por
tanto, proporciona una proteína de excelente calidad biológica.
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En la cocina |
- El garbanzo ha sido uno de los ingredientes fundamentales
en la dieta tradicional mediterránea: pucheros, ollas y paellas no se
conciben sin un buen puñado de garbanzos.
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A la hora de cocerlos, a diferencia del resto de las
legumbres, se debe partir de agua templada con el fin de evitar su
endurecimiento. Se suelen meter en una red antes de introducirlos en la
olla, para evitar que se rompan y se despellejen. Si durante la cocción
hay que añadir más agua, esta deberá estar templada, ya que el agua fría
detiene el cocinado y los garbanzos se endurecen. En cualquier caso, es
bueno recordar que es necesario, antes de proceder a preparar cualquier
receta con garbanzos secos, dejarlos remojar varias horas para después
escurrirlos y emplearlos. Si en la cocción se utiliza una olla de
presión ha de calcularse de 20 a 25 minutos a partir de los primeros
silbidos que dé el aparato, para conseguir una buena cocción.
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Cocinados es la forma más común de consumir los garbanzos
en Occidente. Se pueden añadir a sopas, guisos y combinan muy bien con
los platos de arroz.
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También se los pueden consumir tostados al horno o fritos.
No obstante, resultan un poco indigestos, pues una parte de su almidón
se hace resistente a los jugos digestivos.
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Muy utilizada en la India es la harina de garbanzos,
obtenida por molturación de esta legumbre. Con ella se elaboran
numerosas preparaciones culinarias. También se pueden utilizar como
sustituto para el café después de ser asados.
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Criterios de calidad en la compra y conservación |
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Los garbanzos se venden cocidos, tostados, en remojo,
envasados y secos. Estos últimos se suelen comercializar en envases con
un peso determinado, aunque también se pueden adquirir a granel. En
cualquier caso, es importante observar que estén enteros y sanos, sin
olor, y con tamaño y color uniformes.
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Los garbanzos secos se conservan durante mucho tiempo si se
guardan en lugar fresco, seco y protegido de la luz. Una vez cocinados,
se mantienen en buenas condiciones durante unos días en la nevera en un
recipiente hermético. Igualmente, se pueden congelar una vez cocidos, y
aumentar su tiempo de conservación durante meses. Cuando vayan a ser
consumidos hay que descongelarlos lentamente, en la parte baja del
frigorífico, a temperatura ambiente, en el microondas o al baño maría.
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Información obtenida de Fundación Grupo Eroski.
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http://www.consumer.es
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