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Historia y origen |
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Este producto fue muy valorado entre los pueblos mongoles,
celtas y vikingos. Los primeros la obtuvieron al batir la nata en el
interior de las pieles de animales que colgaban suspendidas
horizontalmente sobre el suelo.
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Los celtas, y luego los vikingos, transmitieron a sus
descendientes el gusto por la mantequilla, hecho que se vio favorecido
por la cría de vacas que tan bien se desarrolló en las sucesivas
regiones de adopción. Este aprecio por la mantequilla no fue compartido
por griegos y romanos, que no la incluyeron en su dieta por considerarla
un producto bárbaro. Por este motivo, la mantequilla no se introdujo en
Italia hasta el siglo XV.
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Los vikingos y los normandos establecieron el consumo de la
mantequilla en los países marcados por su colonización. A partir del
siglo XIV, su uso se extendió desde Normandía y el valle del Loira hasta
Suiza y los Países Bajos. Durante los siglos XVI y XVII, las principales
zonas europeas productoras de mantequilla fueron los Alpes, el norte de
Francia, los Países Bajos, Inglaterra e Islandia. Más tarde, las
poblaciones europeas instaladas en América, Australia y África
conservaron los hábitos de consumo de materias grasas de sus países de
origen, e hicieron extensible este consumo a los pobladores de estos
continentes
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Históricamente, la mantequilla ha sido siempre un producto
caro que tan sólo podía ser adquirido por los sectores más privilegiados
de la población.
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Elaboración |
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A mediados del siglo XIX, todavía se obtenía mantequilla a
partir de la nata de la leche acidificada de forma natural en
mantequeras que no eran más que bombos naturales. Posteriormente,
mediante el desarrollo de los procesos de enfriamiento, se consiguió
separar la nata antes de que sufriese la acidificación, de modo que se
comenzó a elaborar mantequilla a partir de nata dulce. A finales del
siglo XIX, concretamente en 1878, se inventó la separadora centrífuga,
que permitió separar la nata de manera rápida y supuso la fabricación de
mantequilla a gran escala. Otros descubrimientos, como la pasterización
y la utilización de cultivos puros bacterianos, así como las máquinas
mantequeras, contribuyeron en gran medida a la optimización del proceso
de elaboración de la mantequilla.
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Si se desea elaborar mantequilla casera, se puede conseguir
batiendo la nata con una cuchara o con una espátula de madera, siempre y
cuando se bata de arriba abajo en el recipiente, o bien empleando una
batidora.
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La fabricación industrial se basa en el mismo fundamento
que la obtención de mantequilla a escala doméstica. Se parte de nata
pasterizada que se deja en reposo a bajas temperaturas para favorecer la
cristalización de la grasa y, con ello, mejorar la extensibilidad del
producto. Mediante la adición de fermentos lácticos se consigue la
producción de ácido láctico y otros componentes que proporcionan el
aroma característico y la acidez buscada en la mantequilla. Los ácidos
grasos procedentes de la leche confieren a la mantequilla ese peculiar
sabor y aroma que la distingue de la margarina.
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Una vez que ha cristalizada toda la grasa, la nata es
amasada y batida de forma vigorosa. El batido constituye una etapa
fundamental en el proceso de fabricación, ya que produce la conversión
de la nata en mantequilla. Además, en esta fase se determinan también el
color, la apariencia, la consistencia y la extensibilidad de la
mantequilla. Un amasado insuficiente produce una mantequilla
desmenuzable, mientras que con un amasado excesivo se obtiene una
mantequilla con una consistencia similar a la de la nata espesa.
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Tipos |
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Los diferentes tipos de mantequilla que existen se pueden
clasificar en función de la nata de la que se obtienen:
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Mantequilla de nata dulce, a partir de una nata fresca madurada sin
acidificación
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Mantequilla de nata ácida, en la que la nata sí ha sido sometida a una
maduración con acidificación.
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Durante el proceso de obtención se puede o no añadir sal,
lo que diferencia a la mantequilla dulce de la mantequilla salada.
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La mantequilla se puede obtener de leche de diferentes
especies animales, entre ellas vaca, oveja, cabra y búfala. Sin embargo,
no se puede obtener mantequilla a partir de leche de camella, ya que los
glóbulos grasos que presenta son tan pequeños que no se agrupan para
formar grumos. En su denominación, el término mantequilla debe ir
seguido del nombre de la especie animal de la que se obtiene. Las
mantequillas de oveja y de cabra se elaboran fundamentalmente en Oriente
Medio y Magreb, y presentan un color casi blanco y un contenido graso
superior a la de vaca.
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En ocasiones, se suele aprovechar la materia grasa láctea
que queda en el suero, tanto en el suero de quesería como en el propio
suero de mantequería, para elaborar la mantequilla de suero.
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Existen también otros tipos de mantequilla en los que se ha
modificado tanto el proceso de elaboración como su composición química.
Entre ellos se encuentran la mantequilla batida (más fácil de extender y
fundir que la mantequilla ordinaria), mantequillas light o bajas en
calorías (con un contenido graso máximo que varía según la legislación
de cada país), mantequillas con otros ingredientes no lácteos (ajo,
diversas hierbas aromáticas) y sustitutos de la mantequilla como el
Bregott, elaborado a partir de una mezcla de grasa láctea y aceites
vegetales de alta calidad.
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Valor nutritivo |
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La mantequilla es un producto que tiene un alto contenido
de grasas (80 gramos por 100 gramos de producto), grasas saturadas,
colesterol y calorías. Una cucharada de mantequilla contiene 12 gramos
en total de grasas, 7 gramos de ácidos grasos saturados, 31 miligramos
de colesterol y 100 calorías.
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Dado que la mayor parte de la mantequilla es grasa láctea,
es importante también su contenido en vitaminas liposolubles,
principalmente vitaminas A y D.
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En cualquier caso, hay que tener en cuenta que el contenido
vitamínico de la mantequilla depende tanto de la calidad de la
alimentación de las vacas como de la estación del año, e influye
especialmente en el contenido en vitamina A. La mantequilla elaborada en
verano es mucho más rica en esta vitamina que la de invierno.
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Tabla de composición nutritiva (por 100 gramos de porción
comestible)
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Energía (Kcal) |
Grasa (g) |
AGS (g) |
AGM (g) |
AGP
(g) |
Colesterol (mg) |
Sodio (mg) |
Vit. A (mcg) |
Vit. D (mcg) |
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750,0 |
83,0 |
45,09 |
24,12 |
2,07 |
230,0 |
10 |
828,33 |
0,76 |
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AGS =
Acidos grasos saturados
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AGM =
Acidos grasos monoinsaturados
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AGP =
Acidos grasos poliinsaturados.
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mcg =
microgramos
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Ventajas e inconvenientes de su consumo |
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En general, la alimentación debe aportar la menor cantidad
posible de grasas saturadas animales que pueden resultar perjudiciales,
aunque el consumo moderado de mantequilla se puede contemplar dentro de
una dieta equilibrada. Su consumo puede ser una fuente interesante de
grasas para quienes necesiten un mayor aporte energético, como personas
delgadas, desnutridas, deportistas y quienes realizan un trabajo físico
intenso.
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Su elevado contenido graso es lo que determina que la
mantequilla sea un alimento muy calórico, por lo que conviene moderar su
consumo, especialmente en aquellas personas que sigan una dieta de
adelgazamiento. Por su característica composición lipídica, abundante en
grasa saturada y colesterol, su consumo está contraindicado en caso de
trastornos cardiovasculares y alteraciones de los lípidos en sangre como
hipercolesterolemia y hipertrigliceridemia.
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A pesar de su elevado aporte graso, es un alimento fácil de
digerir. Los glóbulos grasos de la mantequilla poseen el tamaño adecuado
para que las enzimas digestivas puedan atacarlos, de ahí que la
mantequilla cruda pueda digerirse fácilmente.
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En la cocina |
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La mantequilla es una fuente de grasa imprescindible para
muchas aplicaciones culinarias. Se utiliza mucho en repostería y en la
elaboración de masas, aunque probablemente su uso más popular sea untada
en el pan formando parte del desayuno. También puede servir como salsa
si se ablanda y condimenta con hierbas aromáticas u otros ingredientes.
Se aconseja que la mantequilla alcance los 14-15º C antes de su consumo,
ya que de esta forma se ablanda y se favorece su empleo.
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Sin embargo, la mantequilla no es adecuada para cocinar,
debido a que por encima de 90º C la mantequilla se quema y se forma
acroleína, una sustancia con sabor y olor desagradable. No obstante, la
mantequilla suavemente derretida puede emplearse para saltear
ligeramente alimentos proporcionándoles un sabor característico.
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En ciertos países como Alemania, Noruega, EE.UU. y
Australia se han desarrollado técnicas de elaboración de mantequilla en
polvo. Este producto constituye un modo práctico de incorporar
mantequilla a aquellos alimentos que la incluyen en su formulación.
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Criterios de calidad en la compra, manipulación y
conservación |
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En el mercado se pueden adquirir diferentes tipos de
mantequilla en variados formatos y pesos. Responsabilidad del consumidor
es comprobar la fecha de consumo preferente y que los envases se
encuentren en perfectas condiciones, de manera que el producto esté
protejido de la exposición a la luz, la oxidación y a la absorción de
olores extraños, que pueden alterar su salubridad.
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La mantequilla de buena calidad debe ser compacta, no
excesivamente dura y de color amarillo más o menos intenso. Es un
producto que se enrancia fácilmente, lo que produce un olor desagradable
y sabor "a rancio". Las altas temperaturas, la luz y el aire, favorecen
su oxidación, y se forma una capa superficial de color amarillo oscuro
que hay que eliminar antes de su consumo.
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Debido a su delicado sabor y aroma, la mantequilla es muy
sensible a los sabores más fuertes de otros alimentos. Para conservar la
mantequilla en su mejor estado, siga las siguientes recomendaciones:
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- Una vez abierto el envase, este producto se conserva
durante meses, en función del tipo de mantequilla.
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- La mantequilla salada se conserva mejor que la que no
contiene sal, y el periodo de conservación de la mantequilla de nata
ácida suele ser mayor que la que procede de nata dulce, ya que la acidez
dificulta el desarrollo de otras bacterias que puedan alterar el
producto.
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- Conserve la mantequilla en su envoltura o protección
original hasta que esté a punto de usarla.
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- La mantequilla también se puede congelar, de modo que así
se conservará bien durante dos meses.
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- Para que se pueda untar fácilmente, retírela del
refrigerador unos diez minutos antes de usarla.
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Información obtenida de Fundación Grupo Eroski.
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http://www.consumer.es
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